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El caballo nunca elige su propietario, es el comprador quien elige el caballo. Si el caballo y su dueño no compaginan, no hay que dudar en cambiar de caballo. Hay un caballo para cada persona, ambos, caballo y persona se encuentran mejor si se llevan bien. Dentro de todas las razas y registros hay diferentes individuos, es el individuo quien decide la utilidad que tendrá, no el registro al que pertenece. Por ejemplo, hay asociaciones de colores, si se compra un caballo por su color no hay que esperar que sea un buen competidor solo porque tiene el exterior correcto. Un caballo grande no salta necesariamente mas alto que uno pequeño. Es el individuo el que cuenta. Mirando todos los caballos, uno se da cuenta de que hay buenos y malos, un pequeño número es tan malo que sólo sirve para comer. También hay un pequeño número de superdotados, aunque el caballo normal y corriente constituye la mayoría. También depende de quien se queda el caballo, un buen entrenador con un caballo peor puede ganar sobre un entrenador malo con un caballo mejor. La persona que siempre lo hace lo mejor posible y se esfuerza en buscar conocimientos es más caballista que los que compran productos terminados y creen que ya lo saben todo. El que saca un rendimiento máximo de un caballo con poco talento y queda segundo en un concurso tiene mas conocimientos que el que gana con un superdotado al que no consigue sacar mas de la mitad de sus posibilidades. El caballo por el que uno se ha responsabilizado tiene derecho a los mejores cuidados posibles. Un caballo de paseo con orígenes desconocidos tiene derecho a los mismos cuidados que un caballo de Gran Premio de Doma Clásica. El pienso adecuado, el herraje adecuado, el entrenamiento y estabulamiento apropiados etc. El manejo del caballo no debe diferenciarse por su precio de compra ó valor. El tipo de manejo que es mejor para el caballo es debatible, pero si el caballo pudiera elegir tal vez no elegiría vivir en un club hípico exclusivo en la capital. Un caballo es sobre todo un caballo, y tiene que ser tratado como tal. Las necesidades naturales del caballo tienen que dictar como tratarle, estabularle y domarle. |
Las normas muy raras veces son adaptables a los caballos, están configuradas por los humanos para los humanos, un caballo tiene otras necesidades de aire, espacio y temperatura que los humanos. El caballo tiene otro comportamiento social y no podemos sustituir una vida natural y libre metiendo al caballo en una cuadra y poniéndole una manta. Cuando el caballo ya está en el prado y va a ser utilizado como diversión o como herramienta deportiva hay que hacerlo lo mejor posible. Hay tantas maneras de manejar caballos como dueños de caballos. Los que se dedican al entrenamiento en serio se dan cuenta de que hay ciertas leyes de comportamiento que prevalecen. Los caballos son iguales en todas las partes del mundo. Las técnicas y el equipamiento de entrenamiento de caballos han sido conocidos durante milenios, ningún entrenador puede otorgarse el mérito de haber inventado el método de entrenamiento de los caballos. La manera de entrenar depende del ambiente cultural en el que se encuentre el entrenador. Algo que se considera correcto en un lugar, puede considerarse incorrecto en otro, desde el punto de vista del caballo sólo se considera correcto lo que es correcto para él. El caballo funciona como una enciclopedia, dice qué es lo correcto si se le pregunta adecuadamente. Para muchos propietarios, el caballo es solo una manera de mejorar su propia imagen. Normalmente no se preocupan por el caballo, solamente lo miran como un objeto igual que unos esquíes o algo por el estilo. Hoy en día como el caballo ya no es imprescindible para sobrevivir se le puede abandonar en el establo, en el mejor de los casos hay algún mozo de cuadra que lo cuida. Alrededor del caballo se ha creado una enorme industria cuyos productos son generalmente innecesarios. Los directores de marketing saben como crear demanda y convencen a los propietarios para que compren productos que no tienen ninguna utilidad, o ni siquiera benefician al caballo. Muchos de los productos están pensados para generar provecho económico y no tienen ninguna función, incluso pueden ser dañinos para el caballo y fatales para el jinete.
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